El profesor Michael Wade, del IMD y especialista en gestión estratégica e innovación publicó a finales del 2014 un artículo titulado Are you a complete executive?

En éste, el profesor Wade define que un ejecutivo completo es aquel que mantiene un balance físico (una dieta saludable, ejercicio regular), salud emocional (experiencias enriquecedoras y saludables con la familia y amigos, hobbies) y salud mental (gestión del estrés mantenimiento de la motivación) tanto dentro como fuera del trabajo. En su escrito se logra demostrar bastante evidencia que sostiene que los ejecutivos y ejecutivas en buen estado mental, físico y emocional tienen un desempeño superior, toman mejores decisiones y saben transmitir sus ideas a los equipos a cargo.

También comenta que no es fácil llegar a ser un ejecutivo balanceado, pues existe una actitud muy común en el mundo de los negocios de que estos aspectos más blandos de la vida son responsabilidad personal del ejecutivo y deben ser buscados y logrados fuera de horas de trabajo. Asimismo, comenta que gran número de escuelas de negocios y universidades son culpables de perpetuar estas ideas pues su pensum se enfoca mucho en lo intelectual y poco en construir este necesario balance mental, espiritual y físico.

Destaca el artículo además sobre la capacidad de saber implementar la estrategia de negocio, la gestión de las personas y la operación. El profesor Wade demuestra que los ejecutivos mejor balanceados evidencian una gran capacidad para ejecutar los planes con sus equipos. Ésta es la mayor fortaleza y la que sus colaboradores hacen mención.

La habilidad para poder comunicarse con los diferentes grupos de interés es de suma importancia. Es justamente en el libro de “Los 7 Hábitos de la Gente Altamente Efectiva”, que su autor Stephen R. Covey señala, como un habito crucial aquel donde se debe “procurar primero comprender y después ser comprendido”. Lamentablemente no son muchos los lideres o gerentes que se sitúan dentro de esta norma, la de la escucha empática, la que define como “escuchar con la intención de comprender”, lo que implica comprender profunda y completamente a la otra persona, tanto emocional como intelectualmente.

Esto significa que los líderes deben siempre estar muy atentos al lenguaje corporal de las personas en sus equipos, entender cómo se desenvuelve cada uno, saber  hacer preguntas correctas y validar lo que se cree haber entendido. Estas conductas son difíciles de conquistar, sobre todo cuando el líder es de carácter pragmático, racional y sumamente objetivo. Vale siempre cuestionarse profundamente y realizar un inventario personal con algunas preguntas muy básicas, como por ejemplo:

¿Cómo, siendo un líder con excelentes capacidades técnicas, puedo desarrollar la habilidad para motivar e inspirar a otros?

Esta debe ser una reflexión personal, al igual que el análisis a conciencia de factores exógenos y por supuesto mantener la práctica continua y esforzada para seguir este camino. Ésto no es fácil y en algunos casos se puede requerir de un proceso mucho más profundo y que logre entender y acompañar a los ejecutivos o ejecutivas en la ruta al autoconocimiento, aceptación y toma de acciones concretas para llegar al objetivo.

No cabe duda que la inteligencia emocional y la capacidad de escuchar empáticamente, con intención de ponerse en el lugar del otro, es parte del concepto del ejecutivo balanceado que Wade señala. Dicha capacidad se retroalimenta con una salud mental y emocional.

Los mejores líderes son aquellos que han logrado destacar en lo técnico y en lo “suave”, siendo este último elemento el más complejo de poder entender y gestionar en el tiempo. Un entendimiento profundo de la empatía hacia uno mismo, otros, o en una organización sirve para que logremos nuestro potencial, pasión y propósito.

Miguel López A.

Socio Director en Recluta Talenthunter

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