Hoy en día, una de las tareas más difíciles de concretar en las empresas, en sus diferentes etapas de reclutamiento y selección, es tener la habilidad de identificar en los candidatos o postulantes un nivel adecuado y desarrollado de fortalezas en sus habilidades blandas y que permita a la empresa gestionar su estrategia de manera inmediata y efectiva.  Estas habilidades son las que tienen que ver con el lado emocional e interpersonal del funcionamiento de una compañía.

 

Actualmente no se habla de contratar al individuo que sepa hacer de todo, con amplios conocimientos y capacidades técnicas, sino de encontrar a aquella persona integral, que tenga habilidades desarrolladas como son el poder de comunicarse efectivamente con sus pares, que sepa reconocer, administrar y resolver conflictos de manera adecuada, que pueda adecuadamente dirigir los niveles e intensidad de la comunicación e instalar una verdadera cultura de trabajo, donde todos se sientan parte medular del proyecto, participen y se sientan importantes.

 

Por esta razón, no es casualidad, que sean estas mejores prácticas las que caractericen a los líderes con más potencial, con mejores niveles de productividad y que sepan desarrollar empatía en 360 grados para echar andar la empresa o unidad de negocios de manera exitosa.

 

Es ya bastante reconocido que no vale la pena comprar el mejor ERP o contratar los mejores sistemas de software, sin contar con la inteligencia adecuada en los equipos de trabajo para lograr una cultura de ejecución sobresaliente. Si bien es cierto, cada empresa debe trabajar en tener la mejor estrategia para fortalecer su presencia en el mercado, es aun más importante el fortalecimiento de una cultura de trabajo ganadora que permita la rentabilidad de la operación empresarial. Hoy los temas de supervivencia y rentabilidad empresarial pasan necesariamente por el comportamiento y la manera de hacer las cosas de cada uno de los colaboradores.

 

Además, en estos momentos las empresas se encuentran buscando soluciones a los diversos retos generados por las diferentes maneras de pensar y actuar que brinda la brecha generacional. En pocos años será la generación nacida entre 1985 y el 2000 (Generación Y) quienes estarán liderando mayoritariamente las gerencias funcionales.

 

Veremos a los más jóvenes liderando estrategias donde habrá colegas mayores en edad e inclusive con mayor formación académica y experiencia. Estas diferencias han traído consigo un mayor reconocimiento a la importancia de una adecuada atracción de talento, contratación y retención de profesionales con capacidades diversas, con otros paradigmas, mayor diversidad de pensamiento, uso y razón para lograr las cosas.

 

Entre las habilidades blandas que más se buscan en el mercado se pueden mencionar: facilidad de comunicación, escucha empática, adaptación al cambio, trabajo en equipo, optimización del tiempo, actitud positiva ante los cambios y retos de la industria, asertividad, tolerancia a la presión.

 

Estas son algunas de las razones por las que reviste cada vez mayor importancia la capacidad que puedan tener, no solo los encargados de recursos humanos, sino la alta gerencia, de seleccionar a personas con esas habilidades tan necesarias para enfrentar un clima de trabajo muy diferente al del pasado.

 

A la persona se le puede contratar inicialmente por sus conocimientos técnicos, pero su salida de la empresa generalmente se da por un inadecuado o deficiente manejo de sus emociones y relaciones en el lugar de trabajo. La cultura lo expulsa si no es capaz de adaptarse y si no es inteligentemente guiado.

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